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Franz Reichelt y el salto de la Torre Eiffel
📉Caídas y altura🇫🇷 Francia · 4 de febrero de 1912† Fallecido

Franz Reichelt y el salto de la Torre Eiffel

Franz Reichelt, sastre austriaco afincado en París, convenció a las autoridades de que realizaría una prueba con maniquí desde la Torre Eiffel. El día del ensayo se lanzó él mismo vistiendo su invento. El paracaídas no se desplegó.

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El inventor

Franz Reichelt nació en Austria en 1878 y se instaló en París como sastre. En los albores de la aviación comercial, se obsesionó con una idea que parecía brillante: diseñar un traje que sirviera simultáneamente de ropa y de paracaídas, para que los aviadores pudieran sobrevivir a emergencias en pleno vuelo.

No era una idea descabellada en su concepto. Era su ejecución lo que iba a fallar.

Los ensayos previos

Reichelt realizó pruebas iniciales lanzando maniquís desde el quinto piso de su edificio. Algunos resultados fueron alentadores. Suficientemente alentadores para que ignorara los que no lo fueron.

El problema era que la física no distingue entre un ensayo prometedor y uno definitivo. Un paracaídas que funciona desde 15 metros bajo determinadas condiciones no es necesariamente un paracaídas que funciona desde 60 metros bajo condiciones reales.

El permiso y el cambio de plan

El 4 de febrero de 1912, Reichelt obtuvo permiso de las autoridades parisinas para realizar una prueba desde la primera plataforma de la Torre Eiffel, a 57 metros de altura. El permiso especificaba que el experimento se realizaría con maniquís.

Cuando llegó a la torre ese día, quedó claro que sus intenciones eran otras. Ante la presencia de periodistas, fotógrafos y operadores de cámara que él mismo había convocado, anunció que saltaría en persona. Sus amigos intentaron disuadirlo. No lo consiguieron.

El salto

El salto fue filmado. Las imágenes existen y son de las más antiguas de una muerte accidental grabada en vídeo. Reichelt dudó varios minutos en el borde. Luego saltó.

El traje-paracaídas no se desplegó. Reichelt cayó los 57 metros en caída libre. El impacto fue definitivo. El cráter que dejó en la nieve del suelo medía 15 centímetros de profundidad.

El legado

Los periódicos del día siguiente describieron su aportación a la selección natural como la del "sastre temerario". Lo que los titulares no capturaron del todo fue la paradoja central: Reichelt era un inventor genuinamente motivado por salvar vidas de aviadores. La misma convicción que lo animó a diseñar el traje fue la que le impidió escuchar las señales de que no funcionaba.

El salto fue filmado por los operadores de la cinematográfica Gaumont. Las imágenes se conservan en el archivo de British Pathé.

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