La erección fatal
Un hombre de 34 años se inyectó cocaína en la uretra para potenciar su rendimiento sexual. Sobrevivió, sin piernas por encima de la rodilla, sin nueve dedos y sin pene.
1988 fue el año en que el mundo descubría el prozac y la humanidad demostraba, una vez más, que algunos individuos no lo necesitaban: directamente no había nada que medicar. Entre los casos que nos dejó este año figura un paracaidista que saltó al vacío con su cámara pero sin su paracaídas —800 saltos de experiencia que, al parecer, no incluían el paso de ponérselo— y un hombre que decidió que la cocaína era más eficaz administrada en lugares creativos, terminando el experimento con considerablemente menos extremidades de las que tenía al empezarlo. Dos historias, dos ratings perfectos, un año redondo.
Un hombre de 34 años se inyectó cocaína en la uretra para potenciar su rendimiento sexual. Sobrevivió, sin piernas por encima de la rodilla, sin nueve dedos y sin pene.
Ivan McGuire, paracaidista con 800 saltos, filmaba una lección cuando saltó del avión sin haberse puesto el paracaídas. La cámara de su casco lo grabó todo.