El misionero que fue a convertir a la tribu más aislada del mundo
John Allen Chau pagó a seis pescadores para llegar ilegalmente a la isla más aislada del mundo y ofrecer el Evangelio a sus habitantes. Los habitantes respondieron con flechas.
Algunos casos no encajan en ninguna categoría establecida precisamente porque la creatividad humana para poner en riesgo la propia supervivencia supera cualquier taxonomía previa. Esta sección recoge aquellos episodios que la lógica convencional no supo anticipar.
John Allen Chau pagó a seis pescadores para llegar ilegalmente a la isla más aislada del mundo y ofrecer el Evangelio a sus habitantes. Los habitantes respondieron con flechas.
Tres casos de 2018 con un denominador común: la cadena de decisiones que precede al desastre es siempre más interesante que el desastre mismo.
Lim Ba, conocido como Perro Negro, no salió del wok en Malasia durante su ritual habitual de purificación: sentarse en posición de loto dentro de un gran recipiente de acero inoxidable con fuego debajo.
Un ladrón intentó entrar a la farmacia Rowlands de Queensbury, Bradford, quitando tejas del techo. Al descender por el hueco, su propia ropa lo estranguló. Su cuerpo fue encontrado semanas después.
Darren Cowley intentó entrar a robar en casa de un vecino rompiendo la ventana con la chaqueta en el brazo. Los cristales le cortaron la arteria. Los servicios de emergencia llegaron tarde al parque, a 800 metros.
Un ladrón asistió al servicio dominical en la Catedral de Todos los Santos de Nairobi y aprovechó el momento del cepillo para llevarse el dinero. La congregación lo vio. Huyó a una carretera muy transitada. Un autobús cerró el caso.
Un hombre de 20 años jugaba al baloncesto en el garaje de su casa en Melbourne. Después de encestrar, se colgó del aro para celebrarlo. Los ladrillos cedieron y el muro entero se derrumbó sobre él.
Dos casos en los que la decisión de exhibirse en público tuvo el mismo resultado: un hombre en Dallas que saltó de un puente de ferrocarril huyendo de la policía, y una mujer en San Francisco arrastrada por un tren.
Cuatro adolescentes de Malasia pasaron meses cavando túneles en la orilla de un río para usarlos como trincheras en un juego de guerra imaginario. El derrumbe se quedó con tres de ellos.
Alan Hall, 48 años, apareció en el jardín de su hermano con una herida grave y una historia sobre una mujer. La historia era falsa. La herida, no.
Daniel Jones cavó un agujero de dos metros y medio en la playa de Buxton para tener intimidad. La arena opinó diferente.
Santiago Alvarado, 24 años, intentó robar una tienda de bicicletas en Lompoc, California, entrando por el techo. Para tener las manos libres, se puso la linterna en la boca. La caída resolvió el problema de las manos y el de la linterna al mismo tiempo.
Una noche de alcohol, nabos congelados y una motosierra. En algún punto de esa secuencia, Krzysztof Azninski decidió subir la apuesta definitiva.
Los restos de Neil Wilson, 49 años, aparecieron en un prado cerca de la presa de Toolondo. Llevaba un traje de plástico verde casero que imitaba a un pez. La cremallera estaba en la espalda.
Un universitario disfrazado de Drácula clavó un cuchillo en una tabla de pino cosida a su camisa para simular una estaca. La madera no aguantó y la hoja llegó al corazón.
En 1992, un hombre intentó robar el Pancake Pantry de Nashville descendiendo por el conducto de extracción de la cocina. Para caber, se desnudó. No calculó bien la anchura del codo del conducto.
El mentalista soviético E. Frenkel creía poder detener vehículos con la mente. Empezó con bicicletas. Terminó con un tren de mercancías cerca de Astrakhan en septiembre de 1989.
Un hombre de 34 años se inyectó cocaína en la uretra para potenciar su rendimiento sexual. Sobrevivió, sin piernas por encima de la rodilla, sin nueve dedos y sin pene.
El 17 de agosto de 1969, el huracán Camille arrasó la costa de Mississippi. Varios residentes de los apartamentos Richelieu ignoraron las órdenes de evacuación. El Camille no negoció con ocho de ellos.
Gouverneur Morris redactó el Preámbulo de la Constitución de Estados Unidos. En 1816 la infección resultante de despejarse la uretra con una barba de ballena puso fin a su notable carrera.
Crisipo de Solos, fundador del estoicismo y autor de más de 700 tratados sobre el autocontrol, murió alrededor del 206 a.C. tras reírse sin parar al ver a un burro comerse sus higos. Diógenes Laercio lo recogió sin aparente ironía.