
El fondo del barril
Charles Stephens, barbero de Bristol, necesitaba dinero. Eligió el barril, el Niágara y un yunque como lastre. Solo el brazo llegó al otro lado.
(11 de julio de 1920, Cataratas del Niágara)
Charles Stephens, 58 años, barbero en Bristol, tenía una esposa y once hijos. Los afeitados y los cortes de pelo no alcanzaban. Tampoco su actividad paralela como temerario: inmersiones desde altura y saltos en paracaídas en Inglaterra apenas cubrían gastos. Necesitaba algo definitivo.
No había nada más definitivo que las Cataratas del Niágara en barril.
Un precedente poco alentador
Solo dos personas lo habían intentado y sobrevivido. Annie Taylor, la primera, terminó en la más absoluta pobreza. Bobby Leach, el segundo, intentó convencer a Stephens de que sometiese su pesado barril de roble ruso a una prueba previa antes de meterse dentro. William «Red» Hill, temerario local cuya especialidad era rescatar cadáveres de las aguas del Niágara, también le pidió que reconsiderase.
Stephens no quiso saber nada.
Lastre mal calculado
Su plan: atarse los brazos al costado del barril y fijar los pies a un yunque grande que actuaría como lastre, garantizando que emergiera boca arriba al pie de la catarata. Lo sabía. Lo había decidido.
Una mañana temprano lanzó el barril a los rápidos. Cuarenta y cinco minutos después, el aparato voló por el borde de Horseshoe Falls.
Hasta ese momento, todo según lo previsto.
Lo que encontraron los rescatistas
Cuando el barril golpeó el agua al pie de la catarata, el yunque atravesó el fondo y se llevó consigo la mayor parte de Stephens hacia el fondo del río. El barril quedó atrapado detrás de la cortina de agua. Mucho más tarde, los restos maltrechos de la embarcación flotaron entre la niebla.
Dentro seguía el brazo derecho de Charles Stephens, aún atado. El tatuaje era visible:
«No me olvides Annie.»
El yunque que eligió como solución era exactamente el problema que no había querido probar antes.
Fuentes verificadas:
Casos relacionados
Geocaching bajo tierra en plena tormenta
Cuatro buscadores de geocachés entraron en un canal subterráneo de Praga con alerta de tormenta activa. Dos salieron. Uno no. El cuarto nunca fue encontrado.
San Valentín en el río Havel: empujó, saltó y se ahogó
El 14 de febrero de 2018, en Berlín, un hombre empujó a su pareja al río helado y saltó tras ella. Ella nadó hasta la orilla. Él no sabía nadar. El Havel resolvió la disputa.
Buceo en apnea en aguas de 40 metros
Un buzo australiano decidió que llevar el equipo de respiración era demasiado engorroso. Bajó en apnea a 40 metros de profundidad. La hipoxia de aguas profundas no da señales de aviso antes de matar.


