Geocaching bajo tierra en plena tormenta
Cuatro buscadores de geocachés entraron en un canal subterráneo de Praga con alerta de tormenta activa. Dos salieron. Uno no. El cuarto nunca fue encontrado.
El agua ocupa el 71% de la superficie terrestre y es el medio donde el cuerpo humano más sobrestima sus capacidades. Los accidentes acuáticos aquí reunidos comparten un patrón común: ignorar las señales de un entorno que no da segundas oportunidades. La hipoxia de profundidad, las corrientes y el frío no distinguen entre valentía e imprudencia.
Cuatro buscadores de geocachés entraron en un canal subterráneo de Praga con alerta de tormenta activa. Dos salieron. Uno no. El cuarto nunca fue encontrado.
El 14 de febrero de 2018, en Berlín, un hombre empujó a su pareja al río helado y saltó tras ella. Ella nadó hasta la orilla. Él no sabía nadar. El Havel resolvió la disputa.
Un buzo australiano decidió que llevar el equipo de respiración era demasiado engorroso. Bajó en apnea a 40 metros de profundidad. La hipoxia de aguas profundas no da señales de aviso antes de matar.
Un hombre de 34 años había saltado de todos los puentes del río Wensum en Norwich. Cuando se quedó sin puentes, subió a lo alto de un aparcamiento de varios pisos y preguntó a los transeúntes cuánta profundidad tenía el agua. Luego saltó.
Daniel Wyman y un amigo lanzaron un petardo equivalente a un cuarto de barra de dinamita al lago para aturdir peces. Una ráfaga de viento empujó su barca de aluminio justo encima del artefacto.
Con diez pulgadas de lluvia encima, el río Big Piney Creek desbordado y sin chaleco salvavidas, Stephan decidió que era el momento perfecto para hacer rafting. Los remadores expertos intentaron disuadirle.
Un pollo cayó en un pozo de 60 pies en el sur de Egipto. Seis personas se quedaron en el fondo intentando rescatarlo. El pollo sobrevivió.
Dos furtivos cargaron una balsa de goma con cuernos de alce puntiagudos para cruzar el río Gardiner de noche. El río estaba en crecida de primavera. La balsa era de goma.
Charles Stephens, barbero de Bristol, necesitaba dinero. Eligió el barril, el Niágara y un yunque como lastre. Solo el brazo llegó al otro lado.