A veces es más sencillo preguntar primero
Un ladrón de 34 años intentó robar el motor de un camión Bedford desde abajo, sin grúa. El motor necesitaba tres personas para levantarse. Él estaba solo y tumbado boca arriba.
1990 fue el año en que el mundo celebraba el fin de la Guerra Fría y la humanidad parecía haber alcanzado un nuevo nivel de inteligencia colectiva. La naturaleza, escéptica como siempre, tomó nota de algunos contraejemplos locales. En Renton, Washington, un aspirante a atracador eligió como objetivo una armería con un coche patrulla aparcado en la puerta, demostrando que la planificación estratégica no era su fuerte. Algo más al este, un ladrón descubrió por qué no conviene mirar por el cañón de un arma cargada con munición de cuarenta años: la bala tardó un instante en decidirse, él no tuvo que esperar mucho más. Para cerrar el ejercicio, un hombre intentó robar en solitario el motor de un camión Bedford tumbado boca arriba, sin grúa y sin cómplices, porque a veces la ambición supera con creces al sentido común. El año terminó con el marcador habitual: Darwin, 3; improvisación, 0.
Un ladrón de 34 años intentó robar el motor de un camión Bedford desde abajo, sin grúa. El motor necesitaba tres personas para levantarse. Él estaba solo y tumbado boca arriba.
El 3 de febrero de 1990, David Zaback intentó atracar H&J Leather & Firearms, una armería de Renton, Washington, con un coche patrulla aparcado en la puerta y un agente uniformado en el mostrador.
Un atracador robó la pistola del 45 de un veterano de la Segunda Guerra Mundial y la usó para atracar una tienda. Cuando el arma hizo clic, miró por el cañón. La munición de cuarenta años tardó un instante más en decidirse.