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Crisipo de Solos, el filósofo estoico que murió de risa
Otros🇬🇷 Grecia · enero de 206† Fallecido

Crisipo de Solos, el filósofo estoico que murió de risa

Crisipo de Solos, fundador del estoicismo y autor de más de 700 tratados sobre el autocontrol, murió alrededor del 206 a.C. tras reírse sin parar al ver a un burro comerse sus higos. Diógenes Laercio lo recogió sin aparente ironía.

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¿Cómo murió Crisipo de Solos?

Crisipo nació hacia el 279 a.C. en lo que hoy es el sur de Turquía. Se trasladó a Atenas, estudió con Cleantes y acabó dirigiendo la Escuela Estoica. Escribió más de 700 obras sobre lógica, ética y física. Ninguna ha llegado completa hasta nosotros, pero los fragmentos citados por Cicerón, Séneca y otros permiten reconstruir su pensamiento central: las emociones descontroladas son el origen de todo sufrimiento. El sabio debe permanecer impasible.

Murió a los 73 años. Según Diógenes Laercio, hay dos versiones.

El chiste de Crisipo de Solos

En la primera versión, Crisipo observó cómo un burro se comía sus higos. Le dijo a un esclavo que le diera al animal vino sin mezclar para que los bajara. Algo en esa combinación —el burro, los higos, el vino puro— le pareció tan extraordinariamente gracioso que no pudo dejar de reírse. Murió poco después.

En la segunda, murió por haber bebido él mismo demasiado vino sin mezclar en un banquete. Las dos versiones comparten el vino. La del burro es probablemente una elaboración posterior: demasiado simétrica para ser accidental, demasiado conveniente para ser solo una anécdota.

Morirse de la risa, ¿pero eso es posible?

Médicamente, sí. Una carcajada sostenida puede provocar hipoxia, colapso cardiovascular o, en personas mayores con patologías previas, un paro cardíaco. No es el mecanismo más común de muerte, pero tampoco es imposible.

Que Crisipo muriera exactamente así —de risa, él, el filósofo que teorizó durante décadas sobre el control de las emociones— es el tipo de ironía que los antiguos grecorromanos sabían apreciar. Diógenes Laercio recogió el relato en sus Vidas de los filósofos insignes sin añadir comentario alguno. No hacía falta.

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