Premios DarwinPremios Darwin

Premios Darwin 2017

2017 fue el año en que la selección natural trabajó horas extra en cinco continentes, con una cosecha de doce casos que demuestran que la especie humana sigue empeñada en colaborar activamente con su propia poda.

Entre los más memorables: un hombre en Dortmund que confundió una máquina expendedora de billetes con un enemigo personal, un californiano que descubrió los límites de las mangueras de jardín como sistema de remolque a ochenta por hora en autopista, y tres zimbabuenses que aprendieron demasiado tarde que los elefantes machos prefieren su espacio. El resto del año completó el cuadro con pilares igualmente sólidos: un guardia argentino cuyo arma ilegal le aplicó lo que el juez llamó «castigo divino», un adolescente en Singapur que eligió una cornisa de cartón decorativo para su momento viral, un maestro espiritual en Malasia que llevaba una década purificándose al vapor y en 2017 completó el proceso, una pareja rusa que descubrió que aparcar en punto muerto junto a un lago exige más rigor del esperado, dos jóvenes mexicanas que convirtieron una pista de aterrizaje en plató fotográfico con resultados irreversibles, un hombre en Rouen que intentó escapar de su propia madre por la ventana del noveno piso mediante un cable Ethernet, dos aviadores de la Marina estadounidense que consideraron que la altitud mínima reglamentaria era una sugerencia, un ladrón en Bradford cuya propia ropa resolvió el problema antes de que llegara la policía, y un estudio científico que confirmó, con datos de mamuts lanosos, que los machos de cualquier especie llevan milenios tomando decisiones cuestionables en solitario. La lista continúa. Siempre continúa.