
El tren del pensamiento
El mentalista soviético E. Frenkel creía poder detener vehículos con la mente. Empezó con bicicletas. Terminó con un tren de mercancías cerca de Astrakhan en septiembre de 1989.
(Septiembre de 1989, URSS)
En la Unión Soviética de finales de los ochenta había un número creciente de psíquicos y mentalistas que gozaban de cierta atención pública. E. Frenkel era uno de ellos. Había llegado a la conclusión de que podía detener vehículos en movimiento mediante la concentración mental.
Su teoría: «En condiciones extraordinarias de amenaza directa a mi organismo, todas mis reservas serán llamadas a la acción.»
Escala progresiva
Frenkel no actuó de forma imprudente. Comenzó con objetivos modestos: una bicicleta aquí, un automóvil allá. Después pasó a los tranvías. Los resultados, según su propia evaluación, eran positivos.
Llegó el momento de la prueba definitiva.
El experimento final
Cerca de la ciudad de Astrakhan, Frenkel dejó su maletín a un lado de las vías, pisó el carril y adoptó la postura: brazos levantados, cabeza inclinada, cuerpo en tensión máxima.
El maquinista lo vio. Aplicó los frenos de emergencia.
No fue suficiente.
En el maletín que dejó junto a la vía, los investigadores encontraron sus notas. La última entrada registraba el historial de sus logros y el objetivo del día:
«Primero detuve una bicicleta, luego coches y un tranvía. Ahora voy a detener un tren.»
El tren de carga no se detuvo.
Fuentes verificadas:
Casos relacionados
El misionero que fue a convertir a la tribu más aislada del mundo
John Allen Chau pagó a seis pescadores para llegar ilegalmente a la isla más aislada del mundo y ofrecer el Evangelio a sus habitantes. Los habitantes respondieron con flechas.
Tres premios Darwin de 2018: butaca, oxígeno y proyectil
Tres casos de 2018 con un denominador común: la cadena de decisiones que precede al desastre es siempre más interesante que el desastre mismo.
El mago espiritual que llevaba diez años cocinándose al vapor
Lim Ba, conocido como Perro Negro, no salió del wok en Malasia durante su ritual habitual de purificación: sentarse en posición de loto dentro de un gran recipiente de acero inoxidable con fuego debajo.


