El tren del pensamiento
El mentalista soviético E. Frenkel creía poder detener vehículos con la mente. Empezó con bicicletas. Terminó con un tren de mercancías cerca de Astrakhan en septiembre de 1989.
1989 fue el año en que el mundo decidió que los muros debían caer, aunque no todos eligieron esperar a que fueran los muros los que se movieran. Mientras la Historia hacía sus propios experimentos con la física y la voluntad humana, dos candidatos locales adelantaron conclusiones por su cuenta: un mentalista soviético convencido de poder detener vehículos con la mente escaló su metodología hasta un tren de mercancías cerca de Astrakhan, donde el resultado fue, digamos, definitivo; y un alumno de kung fu que se tomó demasiado en serio las metáforas de su instructor saltó al recinto de los leones del zoo de Melbourne para validar sus progresos. La Guerra Fría terminó ese año con negociaciones. Estos dos, con menos suerte diplomática, se retiraron del acervo genético por las malas.
El mentalista soviético E. Frenkel creía poder detener vehículos con la mente. Empezó con bicicletas. Terminó con un tren de mercancías cerca de Astrakhan en septiembre de 1989.
Un estudiante de kung fu tomó al pie de la letra las palabras de su instructor y saltó al recinto de los leones del zoo de Melbourne para probar sus habilidades.