La pitón que no quería ir en moto
Zaim Khalis Kosnan encontró una pitón de 3,5 metros durmiendo al borde de la carretera. Pensó que valía dinero. Tenía razón. Le costó la vida.
Los animales seleccionados por la evolución para ser peligrosos generalmente no cambian de opinión ante la presencia humana. Los casos de esta categoría recopilan encuentros donde la confianza depositada en el reino animal excedió ampliamente los límites que éste considera razonables.
Zaim Khalis Kosnan encontró una pitón de 3,5 metros durmiendo al borde de la carretera. Pensó que valía dinero. Tenía razón. Le costó la vida.
Moses Ndlovu y dos amigos intentaron acorralar tres elefantes machos en una zona abierta en Zimbabwe. Los elefantes tenían otros planes.
Un estudio de 98 especímenes de mamut lanoso reveló que el 69% eran machos. La explicación: los machos vivían solos, tomaban malas decisiones y acababan atrapados en el barro.
Betty Stobbs, 67 años, fue derribada por su propio rebaño al borde de una cantera en Durham. Iba a darles de comer.
Michael Gentner, 23 años, se ofreció voluntario para resolver el problema de un pez que había crecido demasiado en una pecera: intentó tragárselo vivo. El pez ganó.
Wayne Roth fue mordido por una cobra, rechazó el hospital y se fue a un bar a presumir. El veneno tardó unas horas. Él no esperó tanto.
Grant Williams tenía una pitón birmana de casi cuatro metros llamada Damien. La semana antes del incidente le había dado un pollo. La serpiente tenía hambre.
Dos hombres bebidos cruzaron el foso del recinto de un tigre en el zoo de Calcuta para ponerle una guirnalda de caléndulas al cuello. El tigre tenía otras ideas.
Harris Simwaba, de 28 años, mordió al pez que acababa de pescar en el río Chungu, Zambia, para matarlo. El pez tomó nota y respondió bloqueando la vía respiratoria de su captor.
Un joven ebrio de veinte años se indignó cuando una serpiente de cascabel le sacó la lengua. Decidió devolver el gesto sosteniéndola frente a su cara y sacándole la lengua. La serpiente no lo tomó como un cumplido.
Tres hombres de Eaton robaron un cerdo de 180 kg en la noche del 4 de julio de 1991. El cerdo sobrevivió. Los tres hombres no llegaron al amanecer.
Un estudiante de kung fu tomó al pie de la letra las palabras de su instructor y saltó al recinto de los leones del zoo de Melbourne para probar sus habilidades.
Bruce trepó a un poste eléctrico para atrapar el mapache que su perro había acorralado. El tribunal lo declaró negligente. Las quemaduras incluyeron manos, antebrazos y genitales.