Premios DarwinPremios Darwin

Premios Darwin 1997

1997 fue el año en que la humanidad clonó a Dolly, demostró que podía copiar vida con precisión quirúrgica y, simultáneamente, alcanzó cotas inéditas de creatividad autodestructiva. Trece casos. Cero lecciones aprendidas.

Entre los más destacados: un ladrón en Calgary que llegó misteriosamente al piso doce y bajó de forma mucho más documentada, y Jerome Bullock, que protagonizó no una sino dos entradas en nuestros registros: primero con treinta metros de sábanas y una ventana irrompible, y luego porque sus cálculos de longitud fallaron por exactamente 86 pies. El resto del año completó el cuadro con la eficiencia habitual: un ladrón de bicicletas que usó la linterna como adorno bucal, un herpetólogo aficionado que prefirió el bar al hospital tras conocer a una cobra, y un ciclista brasileño que cruzó una pista de aterrizaje con el walkman a máximo volumen. La gravedad, el veneno y la física aeronáutica cumplieron con su parte del trato. Como siempre.