Premios DarwinPremios Darwin

Premios Darwin 1999

1999 fue el año en que el mundo temblaba ante el efecto 2000 y muchos acumulaban latas de conserva para sobrevivir al apocalipsis informático. Ironías del destino: los que realmente se retiraron del acervo genético ese año no necesitaron ningún bug para lograrlo.

En Camboya, tres amigos descubrieron que una mina antitanque de 25 años puede ser un entretenimiento de bar con resultados predecibles. En Nairobi, un ladrón eligió el peor momento y el peor público posible para su carrera delictiva, y la carretera adyacente puso el punto final. En Perth, Darren Cowley demostró que romper una ventana con la chaqueta en el brazo no es técnicamente lo mismo que protegerse con ella. En Durham, Betty Stobbs fue al acantilado a darle de comer a su rebaño, y su rebaño le devolvió el gesto a su manera. Un futbolista rumano y su novia decidieron que el garaje con el motor en marcha era un buen sitio para quedarse, y un fontanero londinense salió de una alcantarilla convencido de que los conos de advertencia eran opcionales. El año cerró con seis candidatos, todos ellos completamente ajenos al problema del milenio.