A la luz de un mechero
Gregory usó un mechero para ver dentro del cañón de su escopeta de avancarga. Desde dentro, la escopeta también le vio a él.
1996 fue el año en que la oveja Dolly demostró que la vida podía copiarse. Algunos humanos, en cambio, hicieron todo lo posible por no dejar descendencia.
Entre los candidatos más entusiastas figuran Gregory, que usó un mechero para inspeccionar el interior de su escopeta —la escopeta inspeccionó el interior de Gregory con igual curiosidad—, dos hombres en Calcuta convencidos de que un tigre de bengala agradecería una guirnalda de caléndulas —el tigre tenía una opinión diferente sobre el protocolo de los regalos— y Krzysztof, cuya noche de alcohol y motosierra escaló hacia una apuesta que nadie le había pedido subir. A estos se suman un operario finlandés que intentó ahorrar tiempo desacoplando un vagón en marcha, con el resultado previsible para cualquiera menos para él; Grant Williams, cuya pitón birmana Damien llevaba una semana con el apetito desatendido y decidió resolverlo por su cuenta; una familia que aparcó en una rampa de botadura junto al lago de Susan Smith y olvidó el freno de mano; y el siempre clásico Stefan Macko, que subió a una silla con ruedas en el balcón del piso 23 para limpiar un comedero de pájaros. La silla cumplió su función. El comedero quedó impecable.
Gregory usó un mechero para ver dentro del cañón de su escopeta de avancarga. Desde dentro, la escopeta también le vio a él.
Grant Williams tenía una pitón birmana de casi cuatro metros llamada Damien. La semana antes del incidente le había dado un pollo. La serpiente tenía hambre.
Un operario de ferrocarril en Finlandia intentó desacoplar un vagón en marcha para ahorrar tiempo. Las ruedas del vagón de amoníaco no esperaron su aprobación.
Una familia fue a visitar el lago donde Susan Smith ahogó a sus hijos. Aparcaron el coche en la rampa de botadura. Olvidaron el freno de mano.
Dos hombres bebidos cruzaron el foso del recinto de un tigre en el zoo de Calcuta para ponerle una guirnalda de caléndulas al cuello. El tigre tenía otras ideas.
Una noche de alcohol, nabos congelados y una motosierra. En algún punto de esa secuencia, Krzysztof Azninski decidió subir la apuesta definitiva.
Stefan Macko, 55 años, subió a una silla con ruedas para limpiar su comedero de pájaros en el balcón del piso 23. La silla se movió. El comedero quedó limpio.